El nuevo poder legislativo en el 2021

HÉCTOR MELESIO CUEN OJEDA

El pasado jueves 19 de agosto, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) -luego de superar una crisis interna inédita que esperemos no se repita pues lesiona una de las esferas de nuestra democracia- resolvió los últimos medios de impugnación sobre la elección de diputados federales.

La llamada “máxima instancia jurisdiccional en materia electoral”, en la sesión pública de ese día, luego de dar a conocer que resolvió en total “536 juicios y 170 recursos de reconsideración, así como un asunto general”, manifestó que con estos resolutivos queda definida legalmente la conformación de la cámara baja del poder legislativo federal, que entrará en funciones el próximo primero de septiembre.

El consecuencia, el lunes 23 de agosto el Instituto Nacional Electoral (INE) procedió a hacer la asignación definitiva de los diputados de representación proporcional, quedando la integración de las bancadas de la próxima Cámara de Diputados federal de la siguiente manera: El PAN tendrá un total de 114 escaños, 73 de mayoría relativa y 41 de representación proporcional. El PRI 70, 30 de mayoría relativa y 40 de representación proporcional. El PRD, 15 diputaciones, siete de mayoría Relativa y ocho de representación proporcional. El PT, 37 curules, 30 y siete, respectivamente. El PVEM, una bancada de 43 legisladores, 31 de mayoría relativa y 12 de representación proporcional. MC 7 y 16, para un total de 23. Morena 198 diputaciones, 122 de mayoría relativa y 76 de representación proporcional.

Esta nueva integración generará una nueva dinámica de pesos y contrapesos, y sin duda se harán más intensas las estrategias de alianzas para conformar mayorías parlamentarias. Hay que recordar que las bancadas no son grupos monolíticos e inamovibles y sus integrantes son susceptibles de romper la disciplina de grupo en función de los temas que se suban a tribuna y en el impacto que éstos tengan en los intereses de sus representados.

La coalición de Morena y sus aliados en esta ocasión se quedaron lejos de obtener la mayoría calificada que han disfrutado en los primeros tres años de gobierno de la 4T, que implica contar mínimamente con 336 diputados. En esta ocasión juntos Morena, PT y Verde solo alcanzaron a reunir 278 legisladores, una mayoría absoluta muy clara, aunque no holgada, y coyunturalmente podría ser endeble dado que la salida de alguno de los aliados significaría perder inmediatamente la mayoría. De hecho, con esta correlación de fuerzas, los tres principales grupos parlamentarios se rotarán la presidencia de la Junta de Coordinación Política por un año cada uno.

Lo que nos augura esta nueva conformación de la Cámara, es una etapa de mucho debate, de mucha estrategia parlamentaria y más que nunca de recurrir a las buenas artes de la política para lograr que avance la agenda del país, buscando siempre las coincidencias y el entendimiento a través de la argumentación, el respeto y la incorporación del punto de vista de quien piensa diferente.

En nuestro estado, la decisión de los sinaloenses fue otorgarle a la alianza del Partido Sinaloense (PAS) y Morena, una sobrada mayoría calificada en el Congreso local, pero esto no implicará de ninguna manera que la intensidad del debate y el desarrollo de las diversas rutinas del Congreso vayan a ser de menor calado. En este sentido, quiero reiterar que en el PAS siempre nos ha animado la premisa de convencer (no sólo vencer) al momento de impulsar una política pública o una iniciativa de ley, y nuestra postura en el Congreso local seguirá siendo la de constituirrnos como un ejemplo de productividad legislativa, respeto a la pluralidad, disposición a construir acuerdos y el compromiso invariable con las mejores causas de los sinaloenses, todo en un marco de apego a la legalidad, la primacía de los derechos humanos y un mayor bienestar para todas y todos los ciudadanos.

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