Contenido y propósitos de la denuncia contenida en el libro NI PERDÓN NI OLVIDO

Miguel Valle Campos

Ni Perdón Ni Olvido es un libro de denuncia que expone con crudeza la constelación de corruptelas y connivencias que frenaron el desarrollo de Sinaloa y empoderaron a la corrupción en el sector público en un proceso de deterioro que se acentuó a partir de los años 80´s y que se desbordó en los últimos cuatro periodos de gobierno correspondientes al siglo XXI.  

La dedicatoria de este libro es para mis compañeros periodistas asesinados por la intolerancia a la verdad y a la libertad de pensar y escribir con sentido crítico y de denuncia.  

Es el recordatorio de que suman casi 20,000 las víctimas de la violencia registrada en los últimos 20 años y de que persiste la indignante impunidad que las cubre. 

Ante esta realidad, en la presentación del libro digo que es imposible guardar silencio ante el drama sinaloense de violencia, impunidad, corrupción y complicidades hilvanadas de un gobierno a otro en los últimos cuatro sexenios y con raíces en otros periodos del siglo pasado. 

Como reflejo de lo que ha ocurrido en la nación, en Sinaloa los vicios del poder son ocultados en mitos que pretenden vendernos la imagen de bienhechores públicos que en realidad desempeñaron papeles de villanos en tragicomedias de alto costo social y económico. 

Ni Perdón y Olvido contiene algunos de los hechos reprobables más notorios del siglo XXI que encontró este reportero en el ejercicio de su profesión al servicio del semanario Proyecto 3, reconociendo la imposibilidad de hacer un repaso exhaustivo de todos ellos, porque la mayoría está sepultada en trasfondos de archivos vedados a la luz pública y otros se esconden en la memoria de los protagonistas que ocultan sus actos en la oscuridad permitida por el sistema oficial, omiso y opuesto a la rendición de cuentas.  

Farsas evidentes como la “persecución” y “búsqueda” de Joaquín Guzmán Loera, desde su fuga de Puente Grande, pero con libertad para asistir en Mazatlán a una reunión secreta de la Comisión Nacional de Gobernadores, según revelaciones provenientes de Estados Unidos, con libertad de movimientos que permitió al hombre más buscado en el mundo descansar en residencias o departamentos enclavados en zonas céntricas de las tres principales ciudades del estado. Farsa que prevaleció hasta que el gobierno del vecino país del norte reclamó la captura del capo mayor.  

Entonces se supo que “El Chapo” no estaba oculto ni en calidad de fugitivo: se refugiaba en Sinaloa el tiempo que deseara, protegido por una red de complicidades de funcionarios y mandos de policía federales, estatales y municipales. Además, a través de Genaro García Luna pudo haber tenido derecho de picaporte para conocer las intimidades del primer círculo de gobierno de Felipe Calderón y los planes para su búsqueda y captura en Sinaloa.  

Aquí contó Guzmán con un trato de “residente VIP preferencial” cuando se desató la lucha del gobierno contra otros grupos delincuenciales. 

Queda expuesta, igualmente, la parcialidad en la lucha contra el narco, que sólo trajo al estado un baño de sangre como nunca lo había sufrido, con una policía estatal que el gobernador presentaba como la tercera mejor del país y que, según pruebas fehacientes posteriores, resultó ser la peor calificada. 

Se desnuda también el tema nacional del gran negocio de los administradores de los fondos para el retiro de los trabajadores, un tema que puede convertirse en un conflicto de próximo estallido, por lo que representa ese capital que sólo deja grandes dividendos a pocos magnates y sólo migajas a la clase laboral. Y los manejos en fondos de pensiones y ahorro de burócratas y maestros sinaloenses. 

Se incluye también el trasfondo de corrupción en el caso LeBarón, que estremeció a México y al mundo, en el cual se mezclaron abusos de la CONAGUA en el manejo de autorizaciones para extracción de agua del subsuelo en zonas de Sonora y Chihuahua vedadas a ejidatarios desde hace 70 años.  

Aquí son expuestas también claras e impunes desviaciones de recursos públicos que constituyen delitos y que, sin embargo, le dan a Sinaloa el primer lugar negativo por el grado de impunidad casi absoluta, que se ensaña sólo con servidores públicos de bajo nivel jerárquico.  

Polo de desarrollo fallido a causa de los malos gobiernos, la entidad con mayor capacidad hidroagrícola de México es hoy un paraíso de confort para ex gobernadores, funcionarios federales y estatales poseedores de grandes fortunas, sin haber mejorado las condiciones de vida de dos millones de personas en condición de pobreza, dos tercios de la población estatal. Los grandes sectores ejidal, pesquero y magisterial, que antes de las crisis financieras del siglo pasado vivían en aceptable nivel económico, con acceso a créditos comerciales privados, incluso para la compra de vehículos de agencia, se encuentran estancados en crónica precariedad, subyugados por caciques empoderados gracias a sus alianzas políticas.  

La industria no avanzó y los grandes ingenios azucareros desaparecieron en las zonas centro y norte del estado, por saqueos de sus ganancias, ineptitudes y ambiciones personales de políticos y empresarios voraces.     

El compendio de los numerosos hechos aquí expuestos corresponde casi exclusivamente al trabajo reporteril y al análisis del autor, con excepciones en que se reconoce el crédito y la fuente. Este resumen se ofrece como testimonio personal para conocimiento de los ciudadanos que aún defienden y reclaman la transparencia, la honestidad en el gobierno y la “sana distancia” entre éste y los medios de comunicación para un limpio ejercicio del periodismo crítico. 

Corresponde la denuncia a un acto de conciencia obligado por el daño que, en el curso de apenas una generación, han causado las conductas gubernamentales y las políticas públicas a la sociedad sinaloense, negándole justicia, seguridad y una mejor calidad de vida al entrampar las actividades económicas de Sinaloa, principalmente al campo, la pesca y la minería.  

Son eventos que este reportero ha plasmado con su firma, ajeno a las recomendaciones de las oficinas de prensa y a pesar de la intolerancia que existe en ellas para el libre ejercicio de la comunicación de denuncia.  

En ningún momento recibí reclamo de falta de veracidad en los asuntos tratados en este compendio, lo que avaló la consistencia de cada publicación. Ojalá que este esfuerzo sirva para mantener viva la memoria y despierta la conciencia colectiva acerca de los cambios que requiere el sistema político y la administración pública, sobre todo en la procuración de justicia para servidores públicos de todos los niveles; de efectiva transparencia administrativa, y con auditorías autónomas del gobierno, como debe ser igualmente el fiscal general. Todo ello, a fin de evitar la impunidad que es propicia para el mal uso de finanzas y atribuciones en el ejercicio de cualquiera cargo de los tres niveles de gobierno y en las funciones legislativas.   

Apartarse del boletín oficial y escribir libremente sobre los temas que incomodan al régimen, es ganarse la repulsa de los altos funcionarios y jefes de la comunicación gubernamental y es exponerse a perder el empleo en el medio en que se labora y hasta a forzar el cierre de empresas editoras por ocultas consignas de más alto nivel, a espaldas de los periodistas.  

¿Hay represión? Sí. En los gobernadores sinaloenses que conocí en el ejercicio periodístico, observé y comprobé que, en unos más que en otros jefes del estado, el poder les distorsiona la realidad y rechazan a quienes tengan visión y opinión diferentes, lo que provoca la intolerancia a la crítica y hasta al pensamiento que no sigue al de ellos. Y resulta peor cuando una denuncia es contra el desvío y la afectación del interés social para favorecer consignas y apetitos propios o de sus socios y subordinados.  

En Ni Perdón ni Olvido aparece el saldo de la información distante de la casi siempre deformada versión oficial de los hechos, recordando que en nuestros gobiernos no se cumple la palabra ni el compromiso social, que se miente al hacer y se deforma aún más el decir. Y no encontramos excepciones. 

AWS